Sólo han transcurrido dos días desde la celebración de las últimas elecciones generales cuando ya se van perfilando algunos rasgos de quién o quiénes liderarán la actividad de hacer oposición a la labor de gobierno del Partido Popular o, mejor dicho, de Mariano Rajoy.
Con una composición parlamentaria más atomizada que antaño se podría decir que el bipartidismo imperante en las últimas décadas deja paso a un multipartidismo que refleja en mejor medida la realidad social española.
Pero nada más lejos de la realidad: el denostado y traicionero bipartidismo deja paso al monopartidismo.
La nueva realidad muestra una panorama verdaderamente desolador: un Partido Popular imperante en prácticamente todas las Administraciones (central, autonómica y local) que acumula un poder omnímodo y, frente a él, un PSOE descompuesto que se desangra por todos sus poros e incapaz, en estos momentos, de hacer propuesta alguna seria y creíble y, mucho menos, de liderar una oposición eficaz frente al Partido Popular.
Ante esta realidad, mucho me temo que la verdadera oposición a Mariano Rajoy vendrá vía Esperanza Aguirre, FAES, Banco Central Europeo y los grupos mediáticos de la derecha más arcaica nucleada en torno al Grupo Intereconomía.
Es decir, dada la ausencia de un referente frontal, siquiera sea aparente, serán éstos quienes arrastren a Mariano Rajoy a implantar políticas neocons más propias de los reaganomics o del tea-party norteamericano que de lo que este país necesita en estos momentos.
Y, ante ello, cuál debe de ser el papel que adopte Izquierda Unida? Podría ser éste su momento?
Sin entrar en un análisis demasiado profundo, más propio de otro tipo de trabajos que de estas líneas, podemos decir que Izquierda Unida se encuentra en un momento dulce que debería de aprovechar para liderar la oposición seria y creíble que necesita la izquierda española y europea en general.
Consigo tiene la confianza depositada por más de millón y medio de ciudadanos y un PSOE carente de perfil ideológico alguno postrado a los pies de los denominados mercados por las políticas que ha venido practicando.
Ante ello, Izquierda Unida debe de seguir en la senda emprendida de abrirse a amplios colectivos sociales e intelectuales de perfil progresista proyectando y liderando en las instituciones las inquietudes sociales sin perder su cariz de izquierda seria, histórica y, al tiempo, moderna, responsable y renovable.
Las organizaciones (de todo tipo) deben de adaptarse, sin perder sus señas de identidad, a las nuevas realidades sociales, económicas y culturales si no quieren acabar sucumbiendo a las mismas, siendo los momentos ideales para emprender tales movimientos de rediseño aquéllos en los que el viento juega a tu favor. O dicho en otros términos: la teoría y la práctica de las organizaciones demuestra que éstas deben de reinventarse constante y continuamente al objeto de dar mejor respuesta a las demandas sociales.
Es por ello que Izquierda Unida se encuentra, a nuestro modo de ver, en un momento propicio para abordar este necesario proceso.
Sólo así y mediante la articulación de una dogmática acorde con los nuevos tiempos será capaz de articularse en el verdadero referente de "los de abajo".